19/7/10


El otro día me topé con mi consciencia. Me dijo que no estoy haciendo las cosas bien, y me advirtió que todos mis reproches y mis deseos no reprimidos me hacen una persona demasiado impulsiva por las noches, aunque vuelva a convertirme en un ser sentimental-racional por las mañanas. Dijo que no entiende esa disputa interna que azota mi inconsciencia y ese recoveco en que se inscriben los recuerdos de vivencias inolvidables. También me convenció de que soy completamente inútil para adaptarme al mundo exterior, a esa realidad que no se parece en nada a ese castillo de cristal que alguna vez inventé y que se convirtió por estos días en un laberinto sin salida.