17/8/10

Toro por las astas

Tomo el toro por las astas y en ese preciso instante mis pies se quedan clavados en el piso, inmóviles, sin poder reaccionar. Entonces él arrastra una de sus patas traseras y levanta un nubarrón de polvo. Sabe que me mata la alergia, pero no digo nada. Yo sé que sus ojos se encienden porque detestan mi falta de diplomacia, la táctica perfecta para responder a su daltonismo con mi rojo corazón.