25/7/10
19/7/10
El otro día me topé con mi consciencia. Me dijo que no estoy haciendo las cosas bien, y me advirtió que todos mis reproches y mis deseos no reprimidos me hacen una persona demasiado impulsiva por las noches, aunque vuelva a convertirme en un ser sentimental-racional por las mañanas. Dijo que no entiende esa disputa interna que azota mi inconsciencia y ese recoveco en que se inscriben los recuerdos de vivencias inolvidables. También me convenció de que soy completamente inútil para adaptarme al mundo exterior, a esa realidad que no se parece en nada a ese castillo de cristal que alguna vez inventé y que se convirtió por estos días en un laberinto sin salida.
15/7/10
Lo busco cuando me veo caminando por las calles de Constitución con la cobardía de no poder renunciar a aquel sueño que hoy es una condena.
Lo busco en tus besos que a cuentagotas me dicen que cada día estamos más lejos de aquel mundo que inventamos.
Lo busco cuando la ola me barrena hasta la orilla; y entre los versos de esa revista que compré en el puesto que me espera en ese punto subterráneo en el que combino la línea C y la D.
Lo busco cuando corro para alcanzar el colectivo y se me escapa; y también cada vez que frena pasadita la esquina porque sabe que soy yo, la que siempre llega tarde con la mochila a cuestas.
Lo busco entre las migajas de pan que esgrimen mis pensamientos reprimidos cuando estoy en silencio.
Lo busco en las canciones de Calamaro y Sabina, en el horóscopo de la Viva y en la nostalgia de la cena los domingos a la noche.
Lo busco entre mis delirios de estrella de teatro infantil; y también en los archivos de mi PC, entre las notas municipales y el periodismo a flor de piel.
Lo busco entre las 50 películas que tengo que ver hasta la mitad para recordar que ya las vi alguna vez; y en ese viaje que siempre asumí como bisagra de esta búsqueda, y que hasta hoy no pude concretar.
Lo busco antes de irme a dormir... Cada noche cierro los ojos y como si fuera un simple ejercicio mental intento formular una imagen que dé respuesta a esta incertidumbre. Entonces mi mente se queda en blanco durante cinco segundos, empiezo a dar vueltas en la cama y recuerdo que no es bueno que aparezcan nuevamente estos pensamientos nocturnos y esa desesperación por descubrir dónde está. Enciendo la luz, me aseguro de que el ser humano que me imposibilita un plácido desvelo no se despierte, y agarro lapicera y papel. "Yo busco mi lugar en el mundo cuando me veo caminando por las calles de Constitución..."
14/7/10
Romántica siglo XVII

En fin, lo que quiero decir es que es MEJOR LEER QUE ENAMORARSE. No sé de dónde saqué esta pseudo conclusión, aunque presumo que en todo esto algo tienen que ver Silvia Hopenhayn y el libro de las “100 Cartas de Amor” que atesoro en mi escritorio sin lugar.
Tal como le ocurrió a Pilar del Río nos pasa a todos. Eso la hace una mujer maravillosamente admirable. No sólo por su sencillez sino por su valor. ¿Cuántas veces nos enamoramos de las historias literarias? Tantas veces nos enamoramos de sus escritores. A mí me gustaría ser la esposa de Levrero, leer sus críticas a mi persona y no pedirle que quite esas páginas o que directamente evite publicar el libro. ¡Cómo puede ser que a mis defectos le dediques una página y a mí la tarea de editarla! Por eso no puedo ser la protagonista de una historia literaria ni la esposa de Levrero.
Es como escucharte decir que soy monotemática y estar escribiendo esto con muchos rodeos hasta darme cuenta que vuelvo al mismo punto. Es que pretendo escribir de cuanto amor me despierte el mundo literario y espero una solemne lectura del caso sin análisis circunscritos. El problema es que yo quiero ser Ninon de Lenclos en pleno siglo XXI, y en medio de este asunto 2.0 eso parece imposible. El problema siempre es el mismo. ¿Cuántas veces quisimos ser la protagonista de “Keinohrhasen”?
MEJOR LEER QUE ENAMORARSE porque así se producen los mismos efectos, con el beneficio de mantener cierta estabilidad emocional e intelectual. Y cuando digo los mismos efectos me refiero a un interminable listado de sensaciones porque no estoy loca por besar un libro, incluso puedo hacerlo delante de personas de la tercera edad. También lo puedo acariciar y conocerlo de principio a fin en pocos días. Y aunque es probable que siempre descubra algo nuevo, nada está oculto. En el amor es al revés. Lo que no descubriste no es porque requiere una relectura sino porque está solapado para que la historia tenga el final esperado. El libro es más sincero. De hecho, pocas son las veces en que te desilusiona de sopetón, entonces te evitás un tremendo golpe de cara al piso.
9/7/10
No me acuses, te ruego, por la excesiva calma
o tristeza del rostro, cuando estoy a tu vera,
o tristeza del rostro, cuando estoy a tu vera,
que hacia opuestos lugares miramos, y dorarnos
no puede un mismo sol la frente y el cabello.
Sin angustia ni duda me miras siempre, como
a una abeja encerrada en urna de cristales,Sin angustia ni duda me miras siempre, como
pues en templo de amor me tiene el sufrimiento
y tender yo mis alas y volar por el aire
quisiera. Pero cuando yo te miro, ya veo
el fin de todo amor junto al amor de ahora,
más allá del recuerdo escucho ya el olvido;
como quien, en lo alto reposando, contempla
más allá de los ríos, tenderse el mar amargo.
Elizabeth Barret Browning
8/7/10
6/7/10
Paloma negra

Ya me canso de llorar y no amanece
ya no sé si maldecirte o por ti rezar
tengo miedo de buscarte y de encontrarte donde me aseguran mis amigos que te vas.
Hay momentos en que quisiera mejor rajarme
y arrancarme ya los clavos de mi penar
pero mis ojos se mueren si mirar tus ojos
y mi cariño con la aurora te vuelve a esperar.
Y agarraste por tu cuenta la parranda
paloma negra, paloma negra dónde, dónde andarás?
ya no juegues con mi honra parrandera
si tus caricias han de ser mías, de nadie más.
Y aunque te amo con locura ya no vuelves
paloma negra eres la reja de un penar
quiero ser libre vivir mi vida con quien yo quiera
Dios dame fuerza que me estoy muriendo por irla a buscar.
Lila Downs
1/7/10
Conclusión a destiempo
La profesora de geografía me enseñó que está mal decir "abajo" para referirse al "Sur" y "arriba" para referirse al "Norte". Hoy entiendo por qué tanta insistencia por una simple palabra:
la profesora de geografía era una revolucionaria.
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